MARCA RUNNER ASTURIAS #036
JAVIER FERNÁNDEZ SANTOVEÑA EN LA ULTRA TRAIL MONT BLANC

Javier Fernández Santoveña, más conocido cómo 'Javi el de Moal' ya que lleva muchos años organizando esa carrera en Moal que gusta tanto a la gente de la montaña, participó en la edición del 2017 del Ultra Trail del Mont Blanc. Enhorabuena Javi, porque llegaste a meta después de 43 horas y con 171 kilómetros en las piernas ¡casi nada!

Pues sí, muchas gracias... y la verdad es que fueron 43 horas muy intensas.

El ganador en la Ultra Trail del Mont Blanc fue el francés François D'Hoene, que hizo los 171 kilómetros en decienueve horas, un minuto y cincuenta y cuatro segundos. El primer español, muy conocidos por todos, fue Kilian Jornet, que hizo 19h16'59 y terminó segundo. Y en el puesto 1214 llegaba un asturiano con dos banderas de Asturias, una que llevaba en la espalda y otra que sujetaba por delante, Javier Fernández, dorsal número 2322, que hizo cuarenta y tres horas, veinte minutos, cuarenta y ocho segundos, ocupando el puesto 148 de su categoría, la V2H, que va de los 50 a los 59 años. Javier ¿cómo se puede estar 43h20' corriendo? ¿Para tí era la primera vez en el Mont Blanc?

Era la primera vez, había estado otras dos veces en dos sorteos pero no me había tocado.

¿O sea que aquí es por sorteo?

Sí, primero tienes que tener unos puntos, tienes que acreditar unas carreras que hayas hecho. En este caso, 15 puntos ITRA, y entras en un sorteo. El primer año que te presentas te dan un número, llega el sorteo y, si no te toca, si vuelves a tener los puntos y te presentas al segundo año consecutivo te dan dos números para el sorteo. Si no te toca y vuelves a tener los puntos, te presentas al tercer año y ya entras directamente, que fue mi caso. Entré directamente y nada, ¡a prepararse y para Chamonix!

Y tu entras a lo grande, 171 kilómetros ¿cómo fue la carrera?

Allí sí es la primera vez que iba, pero antes de ir allí corrí tres carreras de 110 kilómetros, una en Madrid (Peña Lara), dos en Pirineos (Ultra Pirineo y la Bud Epic Trail), y dos desafíos Somiedo y una Travesera y Güeyos del Diablu. Pero 171 kilómetros era la primera vez, y te puedo decir que el salto es muy alto. De correr 110, y hacer una noche, a meterte en la segunda noche hay mucha diferencia, de hecho a día de hoy considero que si me hubiese tocado el año pasado o el anterior lo más normal es que no hubiese acabado. Porque la ultradistancia yo considero que es atar muchos cabos, tienes que tener muchas cosas muy sujetas, si no a la mínima te vas, sobre todo la segunda noche. Y solventar problemas que te salen en carrera, cómo este año fue el tiempo, por ejemplo. Y para eso tienes que tener experiencia y solvencia con los tiempos de corte, porque también influye.
Aquí, por ejemplo, en el Mont Blanc, los primeros cortes estaban 'pelaos', nosotros fuimos tres del equipo juntos los primeros 50 kilómetros, muy cómodos, muy bien, pero no paramos de correr. En las subidas no corres, evidentemente, subes muy bien a ritmo, adelantas a mucha gente en las bajadas, la gente no está de bajar cómo aquí y bajan muy despacio... pero en el primer avituallamiento teníamos media hora con el corte nada más, en el segundo una hora, eso es muy poco. En el kilómetro 50 ya estábamos en dos horas, en el 80 estábamos en tres... y a partir de ahí si empiezas a ganar tiempo, llegamos a tener seis horas con el corte. Ahí es dónde te empieza a entrar la seguridad, porque dices 'bueno, si viene un problema levanto un poco'... mientras sea leve el problema... cuando es grave ya es otra cosa. Yo tuve uno. Hasta el kilómetro 50 lo que os comentaba, muy bien todo, por el libro. En el 50, un compañero empieza a tener problemas, no se encuentra bien, rompe un bastón. Empiezas a ayudarle, te quedas con él un poco, le dejé un bastón media hora para hacer una subida... pero después tenemos que hacer cada uno nuestra carrera, porque si no nos podemos ir los dos para casa.
Entonces ya nos separamos los tres y fuimos cada uno a nuestro ritmo. Llegué a la mitad de carrera, a Courmayeur, en el kilómetro 80, impecable, y eso me sorprendió muchísimo en todos los sentidos. Allí me esperaba Gilberto, que es un asturiano de la cuenca que reside en Courmayeur y que hizo conmigo dos kilómetros, estuvo allí animándome, sacándome fotos... y se fue, que tenía que llevar a su novia al aeropuerto, y yo entré en el polideportivo, que era un avituallamiento de estos monstruosos, y ahí hice una doble comida. Tomé un batido recuperador, después me curé los pies, cambié calcetines, comí, que había una buena comida, sopa, pasta... y salí que era increíble que pudiese llevar 80 kilómetros en aquellas condiciones. Y a partir de ahí es cuando empieza la segunda parte de la carrera.
Eso era al mediodía, salimos de viernes a las 6 de la tarde y estábamos en Courmayeur el sábado a las 12-1 del mediodía. Me explicó un poco Gilberto cómo era esa parte, de Italia a Suiza, y empezamos allí a correr, bien... y nos avisan de que viene mal tiempo. Se veía cómo las nubes iban tapándose, cómo iba bajando la visibilidad. Y en el kilómetro noventa y algo ya empieza a entrar mucho viento, mucho frío, empieza a nevar en altitud. Hay un poco que separa Italia de Suiza dónde nos nieva y ahí ya nos ponemos el pantalón impermeable... que todos, o casi todos, lo llevábamos malo, para pasar el control de material, porque esta fue la primera vez en mi vida que tuve que poner un pantalón impermeable. Lo tuvimos que poner y ya llevaba tres capas en ese momento. Y ahí empieza el percance, y es que el agua que llevábamos en los bidones se enfría. Había una sensación térmica de menos seis, con lo cual el agua se enfría mucho y ese agua fría en el estómago... tras diez kilómetros de bajada bebiendo ese agua llegó a un avituallamiento y ya no me siento bien. En el kilómetro cien o por ahí no estoy bien, la sopa ya no me entra cómo me entraba hasta ahí, ya empiezo a preguntar a cuanto está el siguiente avituallamiento, que estaba a quince kilómetros, porque ahí tenía previsto dormir un poco, porque sabía que había colchonetas y una base de vida importante.
Entonces, salí de ahí regular por culpa del agua. Justo cuando iba a salir me obligo a ir al baño y ya tenía diarrea, el agua ya me había afectado el estómago. No le di importancia porque yo estaba corriendo bien... pero ahí empezó a llover mucho, y me tiré quince kilómetros, hasta el 120, con mucha agua y las fuerzas fueron bajando. Y cuando llegué al 120, a Champelac, lo primero me encuentro con la familia allí, que tengo familia residente en Suiza, mis primos, que les mando un saludo por su apoyo, porque verles allí en esas condiciones es la ostia, y lo primero que les digo es 'tengo que entrar a dormir ya, tengo que entrar 20 minutos y a la salida ya os veo y ya hablamos, incluso voy a cenar después de dormir'. Y nada, me tiro en las colchonetas, ni quito playeros ni nada, lo que quería ya era dormir, descansar veinte minutos. Y cuando llevo cinco minutos, cómo no me quito los playeros dejo los pies fuera de la colchoneta, tropiezan conmigo, me despiertan... y me digo 'no, estos cinco minutos los voy a recuperar'... le doy para atrás a la alarma para ganar otra vez esos cinco minutos (risas). A los veinte despierto y tiritando... y entonces me acojoné... un frío descomunal. Tomé rápido una sopa caliente, intenté comer macarrones que había y no me entraban. Entonces fui a ver al médico, por seguridad. Era el kilómetro 120 y ahí fue el punto clave de la carrera.
La verdad es que tenía muchas horas de margen. Le dije al médico los síntomas que tenía y me dijo que era normal, que venía de mojarme y me frené y me quedé ahí quieto. Me preguntó si tenía comida líquida, le dije que sí, que uso comida liquida y entonces me dijo 'tira de ella si no te entra la pasta y levanta el pie hasta que veas que a lo mejor recuperas', y fue lo que hice. Tiré y la verdad es que las subidas las hacia genial, muy bien. En la segunda noche hay una cosa anecdótica, que es que el monte se llena de gente durmiendo. En mi vida ví eso... ¡plagao! ¡gente de cualquier postura, tirada por el monte! De hecho, nos sorprendió que, cuando te dan la bolsa del corredor, te dan un papel cómo el que ponen en las puertas de los hoteles de 'no molesten' porque estás durmiendo, para que tú, en tu mochila, si te tiras a dormir, lo pongas con la cara de 'no me molestes, estoy durmiendo'. Porque si ves a un tío tirado en el monte a las tres de la mañana lo típico es que le des tres ostias en la cara y le digas ¿qué te pasa? (risas). Y la segunda noche estaba plagado de gente así, entonces yo en la segunda noche lo hice tres veces, cuando te ataca esa cabezada coges una piedra o un tronco o lo que sea un poco cómodo, te sientas y echas la cabezada, y a los cino o siete minutos despiertas y vuelves a ser otro.

¿Pones la alarma del reloj cada vez que haces eso?

No, en ese caso no, en los veinte minutos de la colchoneta sí pero en el monte no.

Si soy yo me quedo 'sobao' tres días (risas)

La ilusión te puede... y luego hay un después cuando amanece, pasas la segunda noche y a las seis y media o siete ves el sol saliendo por las montañas y ahí ya te vienes arriba. Ya vas quemando kilómetros, ya lo vas viendo...

¿Y eso que dicen de 'ver a los pitufos'? (risas)

Lo de ver a los pitufos es tremendo (risas), es anecdótico pero es la verdad de la ultra distancia. Esto viene de que hace unos años un amigo del club me enseñó una crónica de la ultra de cien millas de Andorra, de los 170 kilómetros, dónde salía un corredor diciendo que vio a los pitufos en la carrera (risas). Yo no me acordaba de eso, pero un compañero del club, Jesús, llegó antes que yo, después llegué yo y nos pusimos allí a tomar cervezas y esperar por Vladi, un compañero del club. Y Vladi no llegaba así que acabamos tres rondas de cervezas y nos fuimos para casa, mis primos me van a llevar al albergue y me llama la mujer de Vladi... me acercó dónde él, le pregunto '¿cuando entraste?' y me dice 'no, yo acabé ayer, estuve entrenando hoy por la mañana'... y yo le digo 'pero ¿qué me estás contando?' (risas)... y me dice '¿no te dieron unos bonos para hacer un entrenamiento con la organización?' (risas) Suena raro pero esto es verdad, yo le dije 'esto no puede ser, esto lo tiene que escuchar alguien porque me van a tratar a mi de loco después', así que le pregunté '¿qué vas a hacer ahora?', y me dice 'voy a comer con la familia por aquí', así que le digo 'me esperas, me voy a duchar y tomo una cerveza contigo antes de que te vayas'... el dormía a 30 kilómetros, hoy está en Munich y le pedí permiso para contarlo, que conste (risas)... Así que voy a duchar, vuelvo y encuentro a Jesús, el otro compañero del club, y le digo 'tienes que venir conmigo a ver a Vladi, flipas, me estuvo contando que estuvo entrenando por la mañana... es todo muy raro, porque él sale en los vídeos de los controles y en meta y en todos los lados'... y en esto aparece Vladi, vamos a tomar algo y vuelve otra vez a decir cosas rarísimas, que tenía sellos en las piernas, que veía cuadros en una pared...¡y no existían los cuadros!... y hoy, en el whatsapp del equipo nos puso por la mañana que hubo un momento en el que apagó el móvil, quitó la batería... ¡y seguía viendo los whatsapps! (risas)

¡Anécdotas de la carrera que no me extrañan después de 171 kilómetros! Porque le diste una vuelta completa al Mont Blanc...

Sí, una vuelta completa, y a mi me salieron 200 kilómetros de GPS, pero ya sabemos que son aparatos electrónicos y que tienen sus fallos.

¿Y para el año que viene vas a apuntarte a otra más larga?

Bueno, hay cosas rondando la cabeza pero todavía está sin decidir, hay que digerir esto todavía.

DEJA TU COMENTARIO:

¡COMPARTE!